¿Qué son las apuestas deportivas?

¿Qué son las apuestas deportivas?

Dice el diccionario de la real Academia española, en una de sus acepciones, que apostar consiste  en «arriesgar cierta cantidad de dinero en la creencia de que algo, como un juego,  una contienda deportiva, etc., tendrá tal o cual resultado; cantidad que en caso de acierto se recupera aumentada a expensas de las que han perdido quienes no acertaron».

No se puede expresar mejor.  Esta sencilla definición contiene los rasgos más distintivos del foro de apuestas deportivas. En primer lugar, el hecho de arriesgar una cierta cantidad de dinero. En segundo lugar, hacerlo dependiendo de algo que no tiene que ver con el dinero en sí, sino del resultado de determinados acontecimientos sobre los que en la mayoría de ocasiones no tenemos un control directo, como es el caso de los partidos en las apuestas deportivas. En tercer lugar, y quizás el más relevante de todos, es que cuando apostamos lo hacemos siempre en contra de la opinión de otros apostantes. Este último factor, muchas veces oculto en apariencia, importa a la hora de entender la dinámica que hay detrás.

Cuando apostamos, aunque lo hagamos desde el navegador de nuestra tableta o frente a una consola de un local presencial, siempre lo estamos haciendo en detrimento de otros jugadores. Dicho de otra forma, el dinero que ganamos nosotros es el dinero que pierden otros apostantes. Es lo que se conoce como «juego de suma cero». Bueno, no exactamente, porque, como veremos, la casa de apuestas que hace de intermediaria en la operación se lleva una pequeña comisión en todo este proceso. Pero casi.

Novak-Djokovic-vs-Rafael-Nadal

Si te gusta el deporte, apostar sobre los resultados tiene su gracia. Es una manera de poner a prueba tus conocimientos, y a la vez, multiplicar las sensaciones. Ganar una apuesta nos llena a todos de orgullo y nos satisface en lo más profundo. Pero también podemos perder, y debemos ser conscientes de ello. Siempre se debe respetar profundamente la opinión opuesta. Si crees que en un determinado partido de tenis Rafa Nadal ganará a Novak Djokovic, hay que tener presente que podrás realizar esa apuesta porque hay al menos otro apostante que opinará justo lo contrario. ¿Quién de los dos llevará razón? ¿Qué razones te inducen a pensar a ti que ese es el resultado que finalmente se dará? Pero aún más importante todavía: ¿cuáles son los motivos que han llevado al otro apostante a opinar justo lo contrario, hasta el punto de convencerlo a él también de arriesgar su dinero? Si tras estas reflexiones observas que se trata de una final de Roland Garros, que Rafa es el mejor jugador del mundo en tierra batida y que tiene el récord de victorias en este torneo, estarás seguramente haciendo una apuesta adecuada. Pero si nos encontramos ante la final de Wimbledon y lo único que pensamos es en la simpatía hacia un compatriota o en la antipatía que nos despierta su contrincante, mejor no plantearse poner dinero en esa apuesta. En esos casos en que la emoción prima sobre el análisis es más apropiado jugarse el resultado, como mucho, a quién paga las cañas entre los amigos. Así, aunque perdamos, echaremos unas risas y disfrutaremos de la compañía.

Esto no quiere decir que las apuestas no deban tener su recompensa emocional. Desde luego que la tienen. Acertar un resultado es muy gratificante, emocionante y satisfactorio. Y si las acompañas del seguimiento de un partido de tu deporte favorito, resultará un entretenimiento de lo más divertido. Sencillamente, esto significa que debemos poner también cabeza y un poquito de sangre fría en nuestras operaciones. En caso de que no tengamos clara la posición a adoptar, o tengamos la sospecha de que el motivo de nuestra decisión tiene más que ver con nuestros sentimientos que con nuestros conocimientos, hay que abstenerse de arriesgar ese dinero que nos cuesta tanto de ganar. La ocasión de emplearlo en una apuesta futura siempre vamos a tenerla. Podemos, pues, encontrar en las apuestas un entretenimiento muy divertido y,  si somos realmente buenos en nuestros pronósticos, también lucrativo. Si eres nuevo, así es como es recomendable empezar: sin  pretensiones de hacerte rico de la noche a la mañana ni de cambiar tu vida con los premios. Lo contrario puede llevarte a arriesgar combinadas de cuotas estratosféricas con escasas probabilidades de acierto, o a jugártela con demasiados trades poco justificados. Hay que empezar por cantidades pequeñas y cuotas bajas.

La regla de oro para ganar en las apuestas

El mundo de las apuestas es un mundo sencillo, pero a la vez complejo. Ganar y perder forma parte del día a día de todos los apostantes, tanto de los exitosos como de los que terminan fracasando. Acertar un resultado concreto no hace a nadie un maestro en el arte de apostar. Cualquiera puede acertar un resultado particular, la propia naturaleza de las apuestas implica que, si hay una cuota establecida, ese resultado es siempre posible. Sin embargo, al igual que un solo árbol con muchas hojas no es un bosque, ni una gota de agua por gorda que sea hace fluir un río, una sola apuesta ganada no identifica a un buen apostante, por muy alta que sea la cuota. Para considerarnos apostantes experimentados o pronosticadores fiables, para poder realmente diferenciar la habilidad de la suerte, debemos demostrar consistencia. Solo tras un número suficiente de operaciones contrastaremos nuestra calidad. Es en nuestra capacidad de lograr ganar más dinero de nuestros aciertos del que perdemos después de nuestros errores, y de hacerlo de forma sostenida en el tiempo, donde hallaremos la respuesta para definirnos como apostantes rentables.

El éxito en las apuestas solo puede medirse en el largo plazo. Por desgracia, el fracaso puede aparecer en el plazo más corto que podamos imaginarnos. Subestimar el riesgo en unos pocos casos seguidos y encadenar una racha negativa de operaciones mal concebidas puede terminar agotando nuestro
presupuesto y expulsarnos del juego. De hecho, una única operación mal planteada puede suponer un golpe decisivo a nuestro bankroll, del que nunca podamos recuperarnos por muy buenos pronósticos que realicemos a continuación. Los órdagos de película, esas apuestas de «todo o nada» donde el guapo protagonista se juega en Las Vegas el todo por el todo, suelen terminar en el mundo real con el irresponsable desplumado y en bancarrota. Y con la chica en el Ferrari del dueño del casino.

Esta asimetría entre el éxito y el fracaso explica por qué no abundan los apostantes de éxito, pero también nos proporciona el modo de triunfar en las apuestas. La regla de oro a seguir es sobrevivir en el corto plazo para ganar en el largo plazo. Ambas cosas son posibles, y te contaremos cómo lograrlo. En primer lugar, aprenderemos cómo funciona la operativa y qué debemos hacer para poner las probabilidades a nuestro favor en el largo plazo. Después, estudiaremos cómo plantear cada una de las operaciones concretas para que ninguna de ellas suponga un revés decisivo en nuestra economía.

Supervivencia y probabilidad favorable. Recuerda bien este lema porque es el que guiará todas nuestras actividades.

Un mercado en toda regla

A pesar de que parezcan mundos diferentes, el foro apuestas deportivas son muy similares a la bolsa. Las casas de apuestas, o bookies, como se las denomina cariñosamente en el mundo anglosajón, funcionan en realidad como brokers o intermediarios financieros. Hablando con más propiedad, ejercen el papel de creadores de mercado. Un corredor de apuestas pone inicialmente la liquidez necesaria para que se abran las operaciones y, conforme se suman participantes a un determinado evento deportivo, su misión consiste en ir equilibrando las cantidades de dinero que entran a favor de cada uno de los posibles resultados. El corredor va ajustando las cuotas de forma que los premios obtenidos por los apostantes que van a favor de un resultado sean pagados por las pérdidas de los que lo han hecho en contra. Para lograrlo, se van variando las cuotas al alza o a la baja, según se busque incentivar o desincentivar la entrada de dinero en una u otra dirección.

Desde luego, este trabajo no es gratis, sino a cambio de un pequeño porcentaje de las aportaciones, para cubrir riesgos y obtener beneficios. Exactamente como haría un creador de mercado en opciones y futuros financieros. En el fondo, las cuotas actúan como el precio al cual se cobran las apuestas.
Como todo precio en un mercado libre, el mecanismo por el cual se ajustan sigue las mismas leyes que describió Adam Smith hace tres siglos: las de la oferta y la demanda. Lo lógico es que cuando en un partido se va a dar un resultado muy claro a favor de un equipo, haya más gente que desee apostar por él. En ese caso, la lógica también indica que los premios que obtendrán los acertantes disminuirán si el resultado era fácil de prever, así que para lograrlo el corredor bajará la cuota. Y al revés. Si son pocos los apostantes que ponen dinero a favor de un resultado respecto del total de apostantes en un determinado enfrentamiento, los premios serán más elevados y, por ello, también las cuotas.

A más riesgo, mayor beneficio. Capitalismo en estado puro.

Veamos cómo funciona todo esto, y cómo se fijan las cuotas de las apuestas a partir de las leyes de la oferta y la demanda. Supongamos que para un determinado partido de baloncesto del próximo Mundial –por ejemplo, un Croacia contra Rusia– nuestra casa de apuestas ha recibido las siguientes peticiones de sus clientes:

  • A favor de Croacia: apuestas por valor de 3.000 euros.
  • A favor de Rusia: apuestas por valor de 2.000 euros.

El total recibido para este choque son 5.000 euros, pero fijémonos que para el conjunto de los apostantes es más probable que gane Croacia que Rusia, pues un 60 % del dinero ha ido en esa dirección, mientras que solo el 40 % ha ido para el resultado contrario. Por consiguiente, los premios para aquellos que juegan por la victoria croata serán menores que los premios que obtendrán los que apuesten por la victoria de los rusos. Si nuestra casa de apuestas repartiera los 5.000 euros recaudados entre los acertantes de uno u otro resultado, debería hacerlo de esta forma:

  • Si ganara Croacia: 5.000 euros en premios / 3.000 euros apostados = 1,66
    euros de premio por euro jugado.
  • Si ganara Rusia: 5.000 euros en premios / 2.000 euros apostados = 2,5
    euros de premio por euro jugado.

Y esos precisamente serían los valores de las cuotas de las apuestas. En la práctica, las cuotas son un poquito menores porque nunca se reparte todo el dinero que se recauda. La casa de apuestas siempre se queda con un pequeño porcentaje, que oscila entre el 5 y el 10 por ciento de la recaudación, como comisión y para cubrir sus riesgos, que también los tiene. Las bookies no pueden esperar, como hace Loterías con la Primitiva, a que se cierre la recaudación para comprometerse al premio –la cuota– que van a dar, sino que los apostantes deciden si plantean o no la apuesta en función de la cuota que la casa les ofrece de antemano. La parte difícil del trabajo de un corredor consiste en manejar la incertidumbre de no saber exactamente cuánta gente –o, mejor dicho, cuánto dinero– se va a posicionar en cada resultado, y aun así correr con la obligación de comprometerse a una cuota.

Interesa a corredores y apostantes conocer con precisión qué elementos influyen en las cuotas, tanto a la hora de ofrecerlas como de aceptarlas. En las cuotas está la clave en la operativa de apuestas, tanto para unos como para otros. Hablaremos con mucho más detalle sobre las cuotas y los factores que hay que considerar a la hora de analizarlas. Bastará decir de momento que cualquier estrategia que no le dé un papel protagonista a las cuotas constituye una estrategia destinada al fracaso.

En las casas de apuestas trabajan excelentes profesionales, dotados de toda clase de medios, con experiencia de muchos partidos y situaciones, y provistos de información en tiempo real del dinero exacto que tienen colocado en cada resultado. Así que, aunque la tarea de calcular las cuotas a priori sea difícil, son capaces de estimar con razonable precisión las probabilidades y la distribución final del dinero para todos los resultados de un partido. Las cuotas iniciales que suelen fijar acostumbran a ser muy aproximadas a las que finalmente el mercado acabará imponiendo.

Con todo, es muy frecuente que las cuotas deban ser retocadas conforme se van sumando apostantes a ese mercado. Este fenómeno genera en los acontecimientos deportivos más populares –y por ello, más líquidos– una auténtica cotización en tiempo real de las cuotas. A esta variación de las cuotas a lo largo del tiempo se lo conoce como «desplazamiento de la línea de apuestas».


A partir de ahí, se abren grandes oportunidades de negociación y de ganar dinero. Con un poco de habilidad pueden ejecutarse estrategias basadas en estas variaciones de las cuotas en función del tiempo, muy parecidas a las que siguen los inversores de bolsa, y que alcanzan su punto álgido de velocidad y riesgo en las apuestas en directo. Son las estrategias de trading deportivo y las coberturas dinámicas. Salvando las distancias, un apostante que se dedique al trading deportivo no es muy distinto de un trader de bolsa que se dedique al intradía, ni en la velocidad necesaria para tomar las decisiones ni en las posibilidades de rentabilidad –con la diferencia, eso sí, del tamaño más reducido del mercado de las apuestas.

La situación en España

España ha sido, históricamente, muy reacia a las apuestas deportivas. No hemos tenido, por desgracia, ni la tradición ni la aceptación social de las que han disfrutado en Inglaterra. Nuestra sociedad ha tendido en el pasado a asociarlas más con actividades propias de círculos marginales que con lo que realmente son: un divertido complemento a un partido de fútbol, de baloncesto, de tenis, de una carrera de Fórmula 1 o de cualquier otro evento que se nos ocurra. Las regulaciones y los controles sobre bingos, casinos y locales recreativos han sido siempre muy severos, y han supuesto una seria barrera adicional. Tampoco el monopolio que el Estado tiene sobre el juego ayudó a su implantación, dada la importante fuente de ingresos para Hacienda que constituye Loterías del Estado. Así que con las leyes más en contra que a favor y un clima social bastante receloso, las apuestas han tenido durante muchos años serias dificultades para acceder a la gran mayoría de la población.

Hasta hace pocos años, solo había una manera legal y bien vista de apostar
sobre algún evento deportivo. Seguro que sabes cuál es. Sí, me refiero a la popular quiniela. No será necesario que te explique su funcionamiento, porque rellenar las casillas bolígrafo en mano y sellar los boletos en la administración de loterías, ha sido durante mucho tiempo un ritual de obligado cumplimiento para millones de nosotros. En torno a este juego se reunían los amigos y se formaban peñas en algunos casos multitudinarias, siempre con la ilusión de conseguir una columna de 14 o de 15 que convirtiera en millonarios a sus acertantes.

apuestas_deportivas_888sport
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Pero como en muchos otros aspectos de nuestra vida, Internet vino a revolucionar el mundo del juego. Al gigante Loterías y Apuestas del Estado le crecieron unos pequeños competidores virtuales que ofrecían a los usuarios justo lo que no pueden ofrecer los monopolios: libertad. Libertad absoluta a la hora de escoger no solo sobre qué partidos apostar en la Liga de fútbol, sino sobre qué deportes hacerlo, elegir entre apostar sobre un resultado final o parcial, sobre goles marcados, puntuaciones o estadísticas del juego, como tarjetas amarillas o faltas personales. Y a partir de entonces, este mercado no ha hecho más que crecer.

La facturación de las casas online se estima en la actualidad en varios centenares de millones de euros, solo en España. Y ha alcanzado una importancia económica tal que Hacienda se ha visto obligada a crear una legislación específica para ellas.

La ley obliga a las casas online a adquirir licencias especiales para operar en nuestro país, garantizadas por un sello denominado «licencia de juego seguro». Y desde el punto de vista global, los números son mucho más espectaculares. En todo el mundo se estima que las apuestas por Internet mueven cifras en torno a los 300.000 millones de dólares, de los cuales aproximadamente la mitad corresponden a partidos de fútbol.

Este crecimiento ha animado a la apertura de locales de juego especializados en acontecimientos deportivos, que si bien eran habituales en otros países y formaban parte de grupos empresariales bien conocidos y respetados, en el nuestro eran unos completos desconocidos. Por desgracia, la implantación de estos locales está resultando un tanto desigual a lo ancho del territorio. La concesión de licencias y la reglamentación de estos locales corresponde a las comunidades autónomas, lo cual genera una cierta fragmentación normativa que poco ayuda a la extensión de los locales presenciales, por lo que es en Internet donde se mueve mejor el imparable mercado de las apuestas.

En cualquier caso, y pese a que la quiniela continúa recaudando cada semana cantidades muy respetables de dinero, su popularidad decrece con el tiempo y es a las apuestas hacia donde los jugadores nos estamos dirigiendo. Estas permiten una flexibilidad enorme, no solo en los eventos por los que apostar, sino también en la aplicación de múltiples y variadas estrategias, hechas a medida por cada uno de nosotros. Por todo ello, son percibidas por los usuarios como una forma de juego más moderna, actual y, por qué no decirlo también, divertida. Y, visto desde el punto de vista del reparto de premios, también resulta más justa. Mientras la quiniela destina a premios un 55 % de la recaudación, las casas de apuestas reparten entre los acertantes entre el 90 y el 95 % de lo que recaudan.